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El ícono

No es lo de estar muerta lo que me flipa. Lo que sí me flipa es lo de estar muerta aun estando tan jodidamente viva. Es cierto que es otra forma de estar viva. Ya no soy la misma, está claro. No actúo como antes, no sirvo para lo mismo, ya no soy relevante. Sin embargo, nunca estuve tan presente. Mi imagen no sólo se estampa en los más variados productos, de camisetas a fundas para móviles, sino que además la ostenta la creme de la creme de la modernidad.

Bueno, la modernidad de ahora, que de eso de modernidad ya lleva más de cinco siglos en boga y va siempre cambiando. En fin, me refiero a esos tipos que llevan barbas de Neanderthal y gafas de pasta. Los que usan sombreros raros y pantalones que parecen robados a un hermano más pequeño, con los calcetines a muestra. Eses que parecen aburrirse mortalmente incluso cuando están haciendo cosas que supuestamente les molan. Pues, esa gente aparentemente está loquita por mi.

Es raro. Si algún día hubiese sido capaz de imaginar la surreal situación en que me encuentro, mi séquito de admiradores se vería muy distinto. Llevarían unas camisetas negras, seguro, unos pelos largos e pegajosos… quizás incluso camisas de cuadros o algún vestido sadomaso de esos que usan las lolitas enganchadas a los manga. Serían rarillos, claro que sí. Pero no ese tipo de rarillo.

Para empezar nada de aburrimiento, todo lo contrario. Excitación a tope, enamoramiento absoluto, romanticismo sin límites y, sobretodo, ni una pizca de miedo al ridículo.

Sé de lo que hablo. Pasé toda mi vida viva en compañía de tipos así, encerrada con ellos en sus habitaciones, las paredes cubiertas de posters, el suelo de carátulas, el peso de los decibelios llenando el aire, un bajo potente obligando el corazón a seguir su compaso. Yo me entregaba sin reservas, y me llenaban su pasión juvenil, los devaneos de rebeldía, los gustos de sibaritas y las impensables perversiones. Aquello era amor, puro y duro, y no solo eso, sino que además profundo, reflexionado y perfectamente estructurado.

La práctica variaba según la tribu y la ocasión. A veces duraba 45 minutos, a veces 60, incluso podía llegar a los 120, aunque, si soy sincera, tendré que admitir que eses casos eran raros y solían ocasionar dificultades técnicas. No sé que me pasaba, un hipo, un regurgitar, yo que sé, por alguna razón me enrollaba y la cosa toda acababa yendo al garete. Y solo quedaba la opción de volver a empezar, quizás ahora con un plan más modesto, pero siempre con el mismo método.

Si, porque el método lo era todo. Para empezar, era necesario un criterio. Nada de definir las cosas al azar. Había que crear una atmósfera fluida y consistente, en la cual navegar. Daba igual si la propuesta podía ser seducir, exorcizar demonios o tomarle el pelo a alguien. Las cosas tenían que encajar, un sonido en fade seguido de un riff ensordecedor, una de Marvin Gaye, otra de Chris Isaak, una para a taquicardia, otra para la recuperación, y así seguíamos tarde adentro.

Lo guardaba todo dentro de mí, memorizando cada nota y cada tono para repetirlo sin dudar siempre que me lo pidiesen. Después, aun caliente por toda la acción, me dejaba dibujar y embellecer hasta que él o ella, con orgullo e cariño, me acomodaba en un nido personalizado, de donde solo volvería a salir para inspirar nuevos desvaríos.

Siempre supe que eso un día tendría que acabar. Ya había visto lo que pasó a los negros lustrosos del piso de abajo, sustituidos de la noche a la mañana por unos ridículos sucedáneos de plástico plateado. Estaba preparada para lo peor, pero nunca pensé que lo peor sería tan malo. Envidia cochina de los muertos de otrora. Aquellos si, sabían morirse, con toda pompa y circunstancia y sin que jamás alguien los hubiese llamado obsoletos.

Lo mas irónico de todo es que esa gente que me ha transformado en símbolo bidimensional y mudo, en triste simulacro de algo que ya fue y ya nunca más será son muchas veces los mismos que reproducen bajo los focos la misma labor que yo desempeñaba discreta entre cuatro paredes. Callaron mi voz, extrajeron mi alma y la enchufaron a una mesa de mezclas.

Published incoisaslifeSuckspatiLlimona

2 Comments

  1. Muito muito muito bom! Tem que sair esse livro!!! Bj

    • webmaster webmaster

      :p

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